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Mitos y leyendas

Las injanas del Valle de Aras

Dibujo de Gustavo CoteraLas anjanas son hadas buenas que habitan los bosques de Cantabria.

Las injanas de Voto también lo son, pero más particulares. Son golosas y glotonas. También son especialmente pícaras y les encanta hacer travesuras. Unas veces ocultan las cosas, otras, mueven los carros y cuando entran en las casas gozan revolviendo todos los armarios. Unas llevan capa negra y otras andan semidesnudas. Todas tienen un pecho muy grande que se echan sobre el hombro derecho y les cuelga por la espalda, mientras que largos cabellos rubios les cubren el cuerpo.

El cura y la injanas

Historias antiguas cuentan que...

    En una cueva de San Pantaleón vivían una injanas respetadas por todos, pero el cura las trataba por brujas y aprovechaba los sermones para echarles la culpa de todo cuanto de malo ocurría en el valle.

    Ellas, ofendidas, entraban en la casa del cura, que estaba en el barrio de la Quintana, y lo revolvían todo esparciendo por las habitaciones las perolas, los atizadores y trébedes.

    Cuando llegó la matanza, las injanas escondieron todos los cuchillos y el cura tuvo que acudir a un pueblo cercano para conseguir uno con el que poder matar el chon.

    Al día siguiente, mientras el cura decía la misa, las injanas entraron en la casa y se llevaron las morcillas. Cuando regresó el cura, encontró que de la vara de la cocina colgaban las sotanas, bonetes y alzacuellos.

    Ayudado por un vecino, el cura amontonó varios carros de rozo a la entrada de la cueva y le pegó fuego.

    Todos creían que las injanas habían perecido abrasadas, pero a los pocos días la casa del cura apareció rodeada de tanto rozo que llegaba a las ventanas. Dicen que ellas no encontraron un tizón con el que pegar lumbre y que eso salvó al cura.

    Las injanas siguen corriendo los senderos de los bosques y en las noches claras se acercan a las casas y se asoman a las ventanas. Pero, hoy en día, donde más se hacen presentes es en la mente de los niños cuando, organizando alguna aventura, se acercan temerosos a la entrada de la Cueva de las injanas. Desde allí las llaman a grandes voces y tras lanzar algunas piedras huyen en desbandada. Despavoridos saltan las cercas de los prados y no cesan de correr hasta sentirse seguros cerca de las casas del pueblo.

Canción de la injanas por el grupo Astilla de Palu

Los duendes de Secadura

    Los vecinos habían acordado hacer la iglesia del pueblo, una buena iglesia, y después de mucho discutir decidieron que el lugar más adecuado era El Otero. Hombres y mujeres participaron en el acarreo de los materiales necesarios, todo estaba preparado para el inicio de las obras cuando, a la mañana siguiente, los materiales aparecieron en el lugar en el que ahora se encuentra la iglesia. Pensaron que se trataba de una broma, algo que habían hecho los mozos del pueblo o los de los alrededores.Iglesia de Secadura

    Armados de paciencia volvieron el material a su sitio y de nuevo ocurrió lo mismo. La polémica iba creciendo y algunos se enfadaron mucho. Pasaron varios días hasta que decidieron trasladar otra vez los materiales al Otero. Varios vecinos quedaron en vela durante la noche y, ocultos tras los matorrales, esperaron para pillar a los causantes de aquellos hechos.

    Bien avanzada la noche aparecieron unos duendes, parecían hombrecillos con la tez muy oscura, que se afanaron enseguida en cargarlo todo en un carro tirado por dos bueyes.

     Asombrados por lo que habían visto, los hombres se retiraron entre la maleza y sin hacer ruido corrieron hasta sus casas. Al día siguiente contaron lo que habían visto y el alcalde llamó a concejo. Entonces decidieron dejar las cosas como estaban y edificar la iglesia en el lugar que ahora se encuentra.

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