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El valle de los altares   
                            
  Ana Blanco

Son doce pueblos que en junta de voto se unieron sin sospechar que el valle ya los atrapaba.
Una única tierra que atrajo con misticismo a paseantes y el río, que por donde pasa cambia de gentilicio y nadie pronuncia su nombre. Se llama..., le llaman, río; el río.
Es Clarín desde San Miguel a Rada. Se llena con el agua de Llueva y en San Pantaleón es el Clarión, en antiguos mapas Carabión, para más señas.

De plata y rosa
se acostaba la tarde
siete de Octubre
sin siesta
y sólo al Oeste quedaba color
de oro con las hojas secas
del Otoño
despiertan maquillados los ojos
a un nuevo día
muselina
para las sábanas
que envolverán nuestras andanzas
de lo que podría ser
o haber sido....

A morir al Mar del canto de la lluvia, sin contarle los secretos, sin abrir compuertas, sin contar como las aguas estuvieron retenidas en la presa.

El río a veces se pregunta qué hizo para seguir la ruta y no se da cuenta que el mérito es ser río y no tiene que hacer nada.

Cae el aguacero de septiembre entre truenos y a lo lejos la desembocadura percibe los rayos y queda sosegada porque aún están lejos.
No soy el mar..., ni siquiera el pantano, un río, el río, casi riachuelo si no fuera por los afluentes que llegan de Llueva.

"Cuando el tiempo dedicado al amor
es el que sobra,
si sobra,
igual lo que sobra
es el amor"

"En verdad somos un alma única tú y yo. Nos mostramos y nos ocultamos tú en mí, yo en ti. Esa meta persiguen nuestros cuerpos al enlazarse, pues tú y yo no existimos ni yo ni tú".
                                              Rumí.

Yo soñaba un futuro milagrero y el presente me alcanzó y me superó el sueño.
Clarión o Clarín ¿quién es el afluente?
No compiten mi alma y la tuya sino que a la corriente se vierten. El agua es mi vida. Y pasas por mí hasta que juntos inundamos nuevos cauces al hacernos ría.
De tu mano..., anegamos la marisma.

La gota que nace al refugio de la cueva y sobre lecho de arena, protegida, rueda en la corriente con espíritu nómada, cambia de aliados y horizontes y nada fideliza salvo los charcos, los remansos podridos de algas verdes con ranas.
Quedarse sin innovar es la nada.
Quedarse dormido es morir salvo si uno es junco de raíces sumergidas.
Tal vez ese es el problema: imponer las mismas leyes a distintos esquemas, mismas necesidades a diferentes seres.

El río... que a su paso por San Miguel de Aras saluda a un árbol que le salieron pies para escaparse.
El río..., tan mío y tan de nadie; del molino de Rada que lo absorbe.

Si el río regala el agua ya no lo quiero. Cuántas cosas pierden su valor al ser regaladas...
A veces cantarín, desbordante cuando yo lo quiero seco.
Vacío, sinuoso, cuando le necesito al lado.

Que angustia la de ver lo que podría haber sido. Que pena no obtener lo mejor de cada hora. Desde las nubes es todo tan fácil que no se acierta a comprender por qué no hacemos que las cosas sucedan a nuestro antojo. Se encoge el alma de vivirlo.

Hay que determinar si los mínimos de la marisma son compatibles con los máximos del río, caudal, profundidad, extensión entre orillas..., cuántas dimensiones a poner de acuerdo. O se desborda o no fluye, se ahoga o muere.


Lo peor es estar triste y no poder llorar.
Ese cielo plomizo que ennegrece todo
y nos confunde porque no llega la noche
ni descarga la tensión en lágrimas
sobre el río.
Agua al agua.
Este final de verano llueve.
Sigue lloviendo o se nubla.
No disfruta el paisaje del colorido de luz,
ese irisar del sol que trastoca los colores.
La caricia amorosa que roza la superficie.
El río serpentea y se esconde en la maleza.
Cuenta que se escapa
porque no hay caricias,
el abrazo del sol ausente, hace daño.
Fue a buscar las púas de zarzas y acacias
que se asoman a las sombras.
Sacar al santo, pedir.
Muchas veces no se hace por falta de fe
o por temor a no ser escuchados.

Río, a veces invisible.
Habla, ronronea,
explota con furia en cataratas
y nadie se entera.

La gente habla con la gente
ajena a esos ojos,
puentes romanos que tienden la mano
para cruzar a otro lado
y cuando nadie los usa
se esconden con jaros
y desaparecen.

Si compites con el río, a ser mar ,
marisma o afluente,
te lo pierdes....;
colabora.
Ama la diversidad,
la diferencia.
Clarión y Clarín,
convergen.

EL RIO de Loly Rubio

        Correspondiendo a Ana Blanco.
        Yo que te leo y te degusto...

De dónde el ímpetu o la suavidad del discurrir acuático?
De dónde su subterránea suerte?

Allí en Viena, el sin par Danubio, trasladada vió su corriente.
El poder humano, así pensó salvar de su fuerza y caudal a las gentes.
Y a los bosques se dirige, con vahos y sueños, con iguales líquidos.
Cuando en nubes, confusiones y torrentes, nos descarga la fuerte suerte, no hay límites: a otra naturaleza arrastra, y también a sus seres. Altera cauces, horada, brinca sin miramientos y nuevas líneas traza. Y así, otra vez la calma, quizá con nuevos paisajes, con otras ramas, con más meandros, con más fondos, y en dudas de con qué profundas sustancias.
En otro milagro aparece nuevo manantial, u otras nieves inesperadas. La alegría y potencia cristalina todo lo acoge, con serenidad, con gracia. Y concede la calidad de las sombras y la plenitud del día.

Fluye y pasa la corriente, dando vida, con horas de remansos o segundos de cascada erguida. Al fin, discurre dando vida, entre piedras, montes, árboles, páramos, ciudades de cemento, aldeas donde cantan las grullas, y las espadañas solitarias, admiran su poesía.

Marginal, desaparecida a los ojos en ocasiones es su suerte, pero al fin, como en sí misma es fertilidad y sabiduría, se une al mar, y los océanos transforman versos y peces, y el cielo muda, y nuestras almas, nuestros entes, invitados están, a ser con la naturaleza simetría.

Meter en el mismo tiempo-espacio
el sonido y el golpe,
la palabra y el hecho;
así se va haciendo cauce.

¿Por qué molestas?! grita el río a la piedra y empuja las orillas para ensanchar el cauce, y la piedra, cumpliendo su misión, deja que una masa de agua densa, rápida y potente pase por encima, la pise continuamente, y se desgasta; es como el bambú, más útil cuanto más defenestrado.

El cielo se mira en el río y dice: mira, hoy me he vestido de primavera.

Es Septiembre y el agua viva dice que aún el invierno y sus chaparrones son presente.
Las nubes ya olvidaron las tempestades y, sin embargo, ambos, nube y río, están en lo cierto. La corriente lleva aún la lluvia de Diciembre y es pasado su presente a quien ya llovió y no mantiene en las nubes ni el color de las estaciones pasadas.

Son espíritus adversos el agua y el aire, unidos en dependencia, ponen en riesgo su existencia si prescinden, no colaboran o ignoran el reflejo de uno en el otro.
Que lección tan sabia aprender a amar la diferencia.

¿Qué tengo que aprender? se dice el río....
Cada vez que las cosas no son como uno quiere, la lección está presente pero no siempre clara, transparente...
Bajar de las nubes los colores para pintar el aire que te envuelve y perfumar de tonos cada poro.

Los eucaliptus con sus sombreros de pluma se vistieron ya de primavera y las acacias llovieron sobre mí su inagotable fuente de olores en todos los matices.

Y el río recurre a llenarse de otras aguas porque las que son próximas generan dudas

Y el tiempo parece no tener valor porque transcurre por el mismo cauce, sin destino.

El agua sube con las lunas y mareas y el resto del tiempo sólo moja otras arenas, limos, fondos. ¿Qué espíritu burlón lo mueve?. ¿Qué hacer para vivir en los pozos donde agua siempre inunda?
¡Cuánto poder tiene quien decide el tiempo del resto de los elementos!.
Cuándo se quedarán solos y cuándo pasará la espera para estar en compañía. Cuánto poder del río que decide la erosión de la roca, el cauce...

Y otra vez nos preguntamos: ¿Cuál es la lección del día?, ¿qué tuvimos que aprender hoy para que el mañana nos exima?

Esta relación es un tesoro y este tipo de interacción dependiente, interdependiente, es frágil, hay que cuidar el entorno.

Me bebí el sol que se deshizo en un vaso de agua. La energía entra en el río como luz y se suma al trabajo de la corriente.
"No me quites nunca lo que me has dado" decía la cuenca al río y un día la cuenca dejó de ser y el río anduvo perdido.

A veces renunciamos a lo que tememos perder. Cuenca en otra hoz, de otras aguas.
Y el río, a ratos, pidió perdón por ser, por anegar orillas y caminos, los pastos. Porque aprendió que es posible pecar por ignorancia en contra de la voluntad propia. Y el cauce contesta que es como es, que ya está terminado, que no se doblegará al paso de la corriente, que prefiere quedarse seco, en calma. Viejo en calma....

La paz estable por los años y años venideros, hasta la vejez. Paz y remanso, tierra, polvo, sin asumir el riesgo de la vida de los peces.
O, a caso, ¿jugó en complicidad con la lluvia y quiere torrentes temporales, no comprometidos, sin obligación ni promesa?
Y jugar a complicidad como la aceituna en vaso de mosto, barquito velero con palillo y todo que navega a merced del azar, importando sólo el presente.
¡Ay!, ¡los torrentes!
No sé si fracaso o error. Son dos conceptos diferentes.
Fracaso es la falta de armonía, de consenso en el proceso. Falta de inteligencia para buscar soluciones y conseguir llegar, del objetivo a la meta. Llegar a crear lo que se quiere; o falta de valencia.
O bien, es un error. ¿Es error confiarse a ese cauce?, ¿es error de partida ya la entrega?.
De todo se aprende y hace falta pasar del momento, sedimentar en el meandro antes que volcarse al kantauriko, a la boca del océano eterno, para seguir con vida.
¿Fracaso o error?
¿Volver a intentarlo o empapar la tierra y volver a ser río subterráneo?.
Si tienes la respuesta, tú que me lees, dame la mano; aunque hayan pasado los años, porque sin el espacio no pasó el tiempo y el sentimiento quedó suspendido hasta nuevo acuerdo, hasta nuevo lago.
Si puedes ayudarme ven a mi encuentro.

Y lo único que tiene claro el río, desde que mana en la fuente y luego se junta con otros afluentes, es la muerte.
Al menos, ese desaparecer con el aspecto conocido, pasar a marisma y después a mar, océano, lluvia y seguir su ciclo.

Aguas que se doblegaron a una forma y lamieron los limos, los fondos mas íntimos, serpenteando por la tierras, dando prioridad a la voluntad de la cuenca que lo moldea, lo lleva a la carrera o lo remansa en un espacio, cascadas, rápidos. Todo le dio igual al agua, todo por sufrir si es por estar contigo, todo cambio es bienvenido, todo por adaptarse a la piedra, al recodo, al descenso de un monte de Aras, un valle; vivir el accidente geográfico como milagro, confirmación de que no hay imposibles.
Que como dice pablo Milanés: "hay que Ser y hay que Estar", y no es fácil.
Aguas que asumen sus limitaciones, el borde, las circunstancias. Aguas sanas, puras, limpias, frescas..., que riegan, que dan confianza.
Aguas para un bautismo imaginado, un renacer de las edades, agua para bendecir..., de santiguarse.
Agua. Lágrimas.
Gota de una rosa silvestre que perfuma el ambiente y bajo el sol se ahoga.
Trenzar recorrido y corriente, dibujar en los campos el compromiso adquirido o vagar a merced del propio ente.

Se puede amar más, con ese amor que tumba muros, que vence miedos, que hace que las cosas sucedan, las crea, las recrea, las torna posibles bajo su mano alfarera.
Se puede amar esperando, dejando que las cosas sucedan...; se puede amar en la resignación, de vez en cuando, cuando se pueda....
Se puede amar cuando el día nos concede un minuto, se puede crear un minuto al día para amar, se puede...; o, tal vez, no se pueda.
La visión desde la higuera es periférica, sobrevuela.
No se puede amar lo desconocido.
No se puede amar una tierra sin haberla vivido.
Estar enamorado de tierras lejanas que nunca hemos pisado es falacia, fantasía, enamorarse de uno mismo.
Hay que haber tocado polvo, reído sobre las piedras, llorado sobre sus campos. Ver, correr, ¡sentir el cansancio!
Que un nuevo sol nos ilumine cada día y nos haga ser astros.
Hay que haber pisado y caído.

Amar una tierra es mucho más, es aceptar el compromiso de entregarse a ella y dejarnos vivir por las inclemencias, las sequías, las lluvias, las tormentas....
Hay quien abandona.
Hace su macuto y se marcha.
"Hasta mañana", "ya volveré otro día"...
Vuelva usted cuando le venga en gana, esta tierra nunca será suya, será usted viajero de paso, nómada, un turista....

Hay que pasar por el cauce, al menos, media hora al día. La interdependencia necesita su tiempo y, darlo por hecho, esperar la lluvia sin programar el riego, es un riesgo de matar la semilla.

Voy guardando cosas para cuando no estés. Una piedra, un canto rodado que tú fabricaste. Arena y limo de los fondos. Te costó tanto tiempo...!

Algunos ríos se secan,
otros cambian su rumbo
y otros se sumergen simplemente.

Por si un día no estás, con nostalgia, voy guardando tus tesoros que son míos.
Cualquier ramita que haya estado entre tus aguas tiene significado pasado el tiempo. No sé si es bueno guardar recuerdos.
Me duele la cabeza de tenerla sumergida en las aguas gélidas que a ratos bajan con fuerzan y golpean en mis sesos. Los dones pueden ser desgracias, eso pasa con la cabezonería.

Y hoy quieres ser el notario de los charcos.

Meter la mano en las aguas y dejarte llevar por la corriente, abandonarte a la velocidad y al remanso, profanar orillas y bucear en las oquedades del otoño.

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